lunes 5 de octubre de 2009

Para Lisha(*), El Amor de Mi Vida


OPERA PER DUE

Te observo tras la ventana, ¿o al lado de ella?
Pareces una con el silencio y dos con la belleza.
Me miras, te miro y parece que no existo,
o tal vez es que no existe nadie más que nosotros dos.
El tiempo pasa por nuestro lado pero parece no conocernos,
el miedo pasa por nuestra mente y no nos encuentra,
un beso se pasea por nuestros labios con desesperación
y un te amo en nuestras lenguas se transforma en una mirada de amor.

Me miras de nuevo, ¿o te miro yo? Y pareces decirme algo,
algo que no necesita palabras, algo que parezco saber muy bien,
algo que yo también muero por decir,
algo que jamás mi corazón podrá olvidar por más que muera mi mente,
algo que no necesita ni siquiera un susurro, una estrella, una noche o un día.
Algo escrito en medio de nuestros corazones,
algo que comienza con “amor” y termina en “por siempre”.
Ahora te miro yo, ¿o tú me miras?,
Sonríes y preguntas ¿por qué?, y a mí me gustaría responderte,
sólo que yo me hago la misma pregunta todos los días de mi vida
¿Por qué tanta felicidad?
¿Por qué tanto amor?
¿Por qué me merezco este milagro?
Por qué si lo único que hice fue entregar mi corazón

Te observo al lado de la ventana, ¿o tras de ella?
Te observo y te ves tan hermosa y te vuelvo a desear una vez más.
Te observo y me pregunto qué hago aquí y por qué no estoy junto a ti haciéndote el amor,
pero observarte es también hacerte el amor, sí... Lo es.
Esta vez mi mirada se pierde y la tuya se aleja,
esta vez no hay palabras, no hay miradas, no hay pensamientos,
no hay porqués, no hay nada ni nadie más;
sólo estamos tú y yo y es preciso deletrear en tus ojos y en tu piel:
“Te amo”

(*) Lisha Stephany Ramírez Oré

viernes 21 de agosto de 2009

Vuelve La Eterna y Dulce Muerte

ETERNIDAD

A Lisha:


Por qué debo vestirme de gala para nuestra última cita;
si por mí iría con los más sucios harapos con tal de repetirla.
Por qué debo despedirte con lágrimas de este viaje, si no volverás;

si por mí te despediría sonriente miles de veces con tal que vuelvas.
Por qué debo llevarte hoy las flores frescas que nunca te llevé;

si por mí ahora quisiera llevarte las más hermosas todos los días.
Por qué debo enumerar todas tus virtudes ahora que no puedes oírme;

si por mí te las diría a cada momento que tuviese oportunidad.
Pero ya no podré, te llevarán a donde no pueda tocarte,

y si lo hago, tú ya no sentirás las cosquillas que sentías;
que te hacían sonreír, con esa sonrisa que alegraba mi corazón
y lo llenaba de la vida que él ya no quería tener.
Había tan poco en este corazón, y tú lo encontraste.

Y aun así lo rescataste de la penumbra en que vivía.
Con tu amor lo llenaste de sueños e ilusiones,

le enseñaste que después de la noche, el día siempre vuelve a nacer.
Lo corregiste con mucho amor y sin reproches.
Le enseñaste a dar más de lo que la gente espera,

pero no le enseñaste a vivir sin ti, sin tu mirada.
Y ahora te vas, cuando más hermosa eras, cuando más el te quería,

cuando estabas tan presente en su vida; por eso te llora,
por eso mis ojos se mojan cada vez que tu recuerdo aparece.
Inútil gritarte ahora que siempre fuiste todo para mí.

Inútil besarte y darte aquellas caricias que nunca te di.
Es tan corta la vida, y tan larga la muerte;

que es imposible no estar triste, pues hasta la tristeza lo está.
Por qué debo dejarte ir sola a un lugar tan desconocido;

si bien sabes que yo iría contigo a donde nadie nunca ah ido.
El que Dios unió nuestros caminos, es lo mejor que me ah pasado,

pero que ironía, Él te puso en mi vida y Él te saca de ella.
Ahora sólo descansa y recuérdame siempre, que yo así lo haré;

te recordaré todos los días, y para no olvidarte, olvidando te amaré.
Trataré de ser siempre el mismo para que al verme me reconozcas.

Y te volveré a tocar, y tú volverás a sonreír, y esa sonrisa alegrará mi corazón;
llenándolo de la eternidad que moría por tener, para estar siempre a tu lado

martes 14 de julio de 2009

El Trovador Sentimental


FUNESTA TROVA



Mi dolor tan sólo espera tu despedida.
Mi soledad sólo espera tu olvido.
Mis lágrimas sólo esperan tu partida.
Y mi tristeza sólo espera tu adiós.

Mis labios tan sólo esperan un beso
que tal vez nunca llegará.
Mis brazos esperan tu cuerpo
y mi pecho espera al tuyo,
pero tal vez ya te habrás ido.

Mi corazón espera tu amor
y mi alma tu cariño.
Mas yo seguiré esperando,
al lado de mi dolor,
volver a verte algún día
y entregarte mi corazón.

Decirte que lo eres todo,
cuanto algún día soñé.
Sentirte cerca de nuevo,
y nunca más dejarte ir.
Y amarte siempre en silencio
y darte todo de mí
y decirte que no me arrepentí
de todo el tiempo que esperaré:
sentado sobre mi soledad...
Bebiendo de mi llanto...
Conversando con mi tristeza...
Haciendo el amor con tu recuerdo...
Besando las palabras de amor que me diste…
Confesándole a mi alma que sufro
por todo el amor que me tragué
y egoístamente guardé para mí...

Mas esperaré... porque te quiero.

viernes 17 de abril de 2009

Destilando Destinos


DESTINO

Aprendí solo a amar y hoy no puedo aprender a olvidar, la vida se me va por cada resquicio que dejan las heridas de mi corazón; siento como erupciona la sangre, ¡calentísima!, al saber que ya te perdí, mi alma está vacía si no tiene por quien seguir con vida. La caminata tal vez fue en vano, tal vez la hice en mal tiempo; el cielo se lleva mis lágrimas sin saber que me hacen tanta falta y siento caer la lluvia igual que si fuera mi propio dolor caminando hacia el mar.

Ya no están tus ojos negros que fueron hechos para que yo los mirase y se inundan los míos como tratando de huir de la realidad. Ya no están tus labios rosas que fueron hechos para soñar cada día con un beso tuyo y se resecan los míos de sólo pensar en su soledad.
Ya no está tu piel cocoa que fue hecha para acariciarla eternamente y la mía se retuerce y marchita, arrepentida de su letargo.
Ya no está la noche de tu pelo ni el suave rumor de viento que lo ondulaba y el mío se irá haciendo de nieve sin haber compartido contigo su dolor.
Ya no está el papel de tu sonrisa donde solía escribir mis poemas y la mía ha muerto en vida sin que nadie le avisara.
Ya no están tus manos lánguidas que pegaban como nubes de algodón y las mías, trémolas de miedo, saben que no volverán a tocarte.
Ya no está ni el mínimo rastro de tu cuerpo. ¿O está tal vez en otra parte?

Lo único que me ha quedado de ti es tu recuerdo inoportuno que aparece y se va al ritmo de mi corazón y me acompañará hasta que yo muera o tú me mates con la amistad; hasta que yo pueda entender que tú no me olvidaste, que el que olvidó fue el destino…
Que el que te olvidó fue quien más decía amarte…

Que el que te olvidó, fui yo.

jueves 16 de abril de 2009



DEVANEO I


La tarde moría y la fiesta se hacía cada vez más de los jóvenes, será porque a los niños, adultos y ancianos las energías se les agotan más rápido, o será porque tienen otras cosas que hacer, sea por lo que sea; íbamos quedando tan sólo un acervo de jóvenes y el baile se hacía cada vez más rudo, y la gente se movía a empellones. La barahúnda y los guirigáis; hicieron que se convirtiera en un baile babélico, lleno de zaragatas. Durante los cortísimos recesos, pude sacarle información: se llamaba Diana y venía desde la capital, siempre le gustó el baile de todo tipo de música y eso se notaba en las bien formadas curvas de todo su cuerpo, tenía ella 23 años, 6 más que yo, jamás lo hubiera imaginado, pues tenía un rostro de ninfa. Su blancura y el rubio de su cabello, su cerúlea mirada y su meandra figura: me atraparon por completo, como atrapa la flor los rayos del sol para poder vivir.
La tomaba de la mano entrecruzando nuestros dedos. El baile siguió su curso y nuestro descubrimiento también. Cuando ya la noche nacía, toda la muchedumbre avanzaba -siempre bailando- hasta la casa del prioste; al ingresar, a cada muchacho con su pareja les entregaban la merienda. A mí me dieron un pan relleno de res y a Diana una fruta, las cuales compartimos tomados de la mano y mirándonos fijamente. Queríamos ser los últimos en salir, y al hacerlo, salimos juntos por una puerta angosta, donde no cabíamos; esto hizo que su pecho núbil chocara contra el mío febril y puso mis manos en su cintura y las de ella en mi cuello. Fue la tilde de nuestros deseos, que no pudieron ser contenidos por más tiempo, nos unimos en un apasionado beso y en tocamientos, que para muchos son indebidos, pero que consuman cualquier momento de amor y que me hicieron descubrir sensaciones inexploradas, nos quedamos prendidos uno del otro y nuestro deseo de amarnos se hacía cada vez más fuerte. Riendo como dos locos, me llevó de la mano hacia un tálamo de verde pasto, que bien me pareció el más suave de los lugares; pues al explorar su humanidad, pude corroborar lo hermoso de su cuerpo y lo virginal de su carne. En el intenso frío, nuestros cuerpos se abrigaban, descubriendo esa noche todo tipo de placeres, nos entregamos al amor. Sus delirios y los míos me llevaron hasta el empíreo, donde descansé en su regazo.
—Me voy mañana Alfonso— me sorprendieron sus palabras, pero lo entendí, no quise entonces desaprovechar el momento, la volví a hacer mía, llenándola de caricias y besos el cuerpo, entregándole todo de mí. Un último beso selló la noche, una noche mágica y única, nos dijimos adiós, pero seguimos unidos incluso después de separarnos. Nos amamos sólo una noche, pues ella partió después llevándose en el vientre lo que significó el amor; pero nos volveremos a ver, estoy seguro, algún día...
Continuará